Alcohol y el sonido de una guitarra,
lo único que recuerdo
es el alcohol brotando de una guitarra,
acompañado de truenos sabinescos,
relatos quijotescos
y algunas reflexiones;
vasos derramando ríos de whisky
que enturbian mi mirada
a la par que las caladas
de un peta engreído,
me sumergen en esta historia
de vanidad y gloria,
solo destinada a hijos de puta malnacidos;
me tumbo en la calle
cual valle congelado,
mis huesos se hielan,
los taxistas me desprecian;
irreparablemente imborrable,
así pues para olvidarme
busco en mi chaqueta
algún mechero
y
algún peta
que encienda mis sentidos,
sueños de un poeta,
retrato de un beodo malherido.
viernes 7 de octubre de 2011
Miserable.
Publicado por
Francisco Manuel Rodríguez Álvarez.
en
04:29
Enviar por correo electrónico
Escribe un blog
Compartir con Twitter
Compartir con Facebook
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada