Te invito a venir a mi panteón sagrado, aquella esquina entre la cama y la pared en la que doy salida a todos mis pensamientos, problemas y sueños; no esperes encontrar alguien con quien hablar sobre algo corriente, soy incapaz de fingir que algo me interesa cuando no es así, admiro a quien lo hace sin pestañear, pero cuando yo lo intento no solo pestañeo sino que me sumo en un ataque al borde de la epilepsia. Soy incapaz de mantenerme en una conversación que me resulta innecesaria y cuando no quiero hablar contigo me limito a ser desagradable; por desgracia aquello que considero trascendental es para la mayoría intrascendental y me río cuando echo la vista atrás y me doy cuenta que era yo quien sentía miedo y pena hacia aquellos que eran distintos al resto, yo me encontraba en el grupo mayor y despreciaba a los del grupo menor; hoy día creo que me encuentro en el menor.
Pocos pedirían como injerto una máquina de escribir, una bibliografía y una filmografía, pocos necesitan escuchar música sin sentir la necesidad de bailar, pocos sienten el momento previo al sueño como el peor momento del día, aquel en que todos tus problemas brotan en un sinsentido reflexivo.
Pocos sienten la necesidad de no ser querido para tener motivos de dar fin a una vida hacia la que no tiene el menor aprecio, pocos sienten que se equivocaron de época al nacer y que probablemente el mayor momento de gozo es el posterior al acto creativo, pocos entienden por qué escribo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada