La mediocridad es un atributo indeseado por todo aquel que alguna vez poseyó un atisbo de ambición, todos pretendemos potenciar nuestras virtudes con la esperanza de esconder nuestros defectos, nos consolamos pensando que si la naturaleza es sabia a su vez debe ser honrada y honesta por lo que debe dotar a cada ser del planeta con algo que lo haga distinto; pero esta reflexión recurrida por todos los seres humanos es fruto de nuestra búsqueda de la razón vital, aquella que debe existir pese a que nadie la halló.
¿Acaso no se trata del mayor de los castigos, del más cruel e injusto?; ¿Qué puede hacer alguien a quien le fue dado tal atributo?; ¿Vivir sin más?, resentirse en vida y vivir un calvario reflexivo, expectante, observando el regocijo del resto o aceptar tu situación de inferior y harto de ello dar fin a la existencia.
Desde un plano psicológico se considera más racional adoptar una postura positiva hacia la vida, pensar que hay motivos para seguir viviendo, puede que te halles en el mayor de los traumas, la muerte debe ser evitada en todo momento pues supondría un no a la vida y eso es algo inadmisible desde un plano moral.
Pero desde un plano humano comprendo que alguien que no halle disfrute en la vida decida dar fin a su periplo, ya sea por abatimiento, tristeza o simple aburrimiento. Nadie puede negar que cada uno es consecuente de sus actos y que a su vez es consecuente con su vida, nadie podrá obligar a vivir a alguien que no quiera, pues estará secuestrándolo en una cárcel metafísica.
Dentro de la ley se prohíbe el intento de suicidio, algo cómico pues resulta inviable que alguien capaz de acabar con su bien más preciado se preocupe por mantenerse dentro de los límites legales fijados.
Tenemos miedo al acercamiento hacia la muerte y no admitimos que algunos la deseen, ocultamos esta alternativa, pero lo cierto es que está ahí, jamás criticaré a aquel que elija ese camino, no se convertirá en mártir, ni siquiera será una muestra de valentía o rebeldía, simplemente estará adoptando una postura ante la vida.


1 comentarios:
No puedo más que estar de acuerdo contigo en la necesidad de respetar decisiones tan importantes como el suicidio o la eutanasia... Aunque me sitúo en una posición algo más positivista en cuanto a la razón de tales decisiones: por suerte, el sentimiento de mediocridad propia pocas veces suele ser el argumento detonante (digo "por suerte" porque si la gente de verdad se parara a concebir cuán mediocre es tal vez pocos aguantarían saberlo) y, en cambio, existen otras razones más personales, específicas o científico-fisiológicas.
Creo que hay que respetar el deseo a la muerte, sin duda, pero también conocer el valor de la vida, incluso cuando ésta nos parece (se parece, a sí misma) la más mediocre posible; porque una vida, por muy insignificante que parezca, tiene una capacidad maravillosa de convertirse en grande. Simplemente por la posibilidad de concebir otra que, tal vez, llegue a ser más grande que ella misma.
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